Tepepolco o Peñón del marqués.

Por esta diminuta montaña han pasado caminantes desconocidos,
pastores, vagabundos, tribus y ejércitos, reyes y advenedizos.

28 mar 2013

Capítulos II. En el Peñón todo está listo para el combate. Capítulo III. El convento de Churubusco convertido en fortaleza. Capítulo IV. Los invasores protegidos por el gobierno de Santa Anna.

II. En el Peñón todo está listo para el combate

En el cerro del Peñón se construyó la mejor de las fortificaciones, ya que era el paso directo del ejército enemigo que venía de Puebla.

   
   El 11 de agosto de 1847 los batallones Hidalgo, Victoria, Independencia y Bravos de la Guardia Nacional salen de la ciudad rumbo al Peñón. Una multitud se congrega a despedirlos, aclamarlos y seguirlos. ¡Y cómo no hacerlo! son batallones de ciudadanos, no son expertos militares, es más, la mayor parte de estos hombres nunca ha participado en un combate, pero ¿qué familia no tiene allí un hijo, un padre, un primo, un novio, un amigo, un conocido?
   Guillermo Prieto en sus ya citadas Memorias nos habla de la composición de estos batallones: "Victoria se compuso de comerciantes, en su mayoría, pero había médicos, diputados, hacendados... Hidalgo cuerpo compuesto de empleados de todo género, pobres y alegres, decididores y acomodaticios... Independencia cuerpo brillante, de gente de acción, escogida, artesanos, hombres fuertes y expertos en el manejo de las armas... En este cuerpo se alistaron, Otero, Lafragua, Comonfort y otros personajes que le daban gran prestigio... Bravos cuerpo de tabaqueros..."5
   El campamento del Peñón es por unos días un lugar muy animado, del que nos relata Roa Bárcena "se convirtió en un lugar de cita y paseo de casi todas las familias... El 14 ó 15 tuvo lugar en el expresado punto del Peñón la bendición y entrega de banderas a los batallones Patria, Unión y Mina..."6
   La avanzada de las tropas invasoras es vista por los pueblos de Santa María y San Isidro, poblados cercanos al Peñón. Se acabó la fiesta. En el Peñón todo esta listo para el combate; la multitud de acompañantes regresa a la ciudad, allí con temor y esperanzas ocupan torres y azoteas con la mirada fija en el cerro. Las horas pasan.

El invasor rodea la ciudad

Avance de las tropas hacia la Ciudad de México

Las avanzadas del enemigo llegan frente al Peñón, reconocen la fortificación y la dejan de lado. "Probablemente -anota el coronel Manuel Balbontín- el general Scott juzgó muy difícil esta operación, porque prefirió hacer un rodeo por el Valle, para envolver nuestras líneas de defensa, y llevar sus ataques al Sur y al Oeste de la ciudad...En consecuencia, levantó el campo, y haciendo una travesía peligrosa, se dirigió por el camino de Xochimilco a Tlalpan, donde estableció su cuartel general".7
   Al ver que los enemigos se alejan, la desilusión se apodera de las tropas mexicanas, era la mejor de las fortificaciones... pero no hay tiempo que perder. El general Santa Anna y sus comandantes se dirigen a toda carrera hacia el sur, las tropas tomaron rumbo a Churubusco, San Angel, Tlalpan y Coyoacán.
   Se discuten las posibles estrategias entre políticos y oficiales, entre comerciantes y curiosos, pero el jefe es el jefe... y el general Santa Anna se mantiene firme en su estrategia defensiva y decide no atacar. Los días que tarde el general yanqui y sus tropas en rodear la ciudad se aprovecharan entonces para mejorar y construir más fortificaciones.
   El cambio de planes no es favorable para los mexicanos, pues a decir de Roa Bárcena, "presenta al enemigo la ventaja de simular varios ataques a un mismo tiempo, y por el temor de desamparar y perder algunos puntos, quita a Santa Anna la libertad de acudir con fuerzas copiosas a la defensa del formal y verdaderamente atacado".8
   Santa Anna, al frente del ejército mexicano reorganiza la defensa: ordena a las Guardias Nacionales y a una brigada de infantería al mando del general Anaya abandonar el Peñón y dirigirse a Churubusco; otra brigada se situara en Coapa; las fuerzas de reserva al mando del general Pérez ocuparan Coyoacán; ordena también a la División del Norte bajo el mando del general Valencia situarse en San Angel y a la caballería del general Alvarez apoyar a ésta.
   El general Valencia decidido a cortar el paso de los yanquis en el camino entre Tlalpan y San Angel no obedece la orden de Santa Anna y sitúa a sus tropas en Padierna. La posición, a decir de varios generales, presentaba serios problemas para su defensa. Santa Anna le ordena de nuevo dirigirse a San Angel, el general Valencia - siempre en pugna con Santa Anna - insiste confiado en su fuerza, en la de la caballería de Alvarez y en su buena suerte, y permanece en Padierna.


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