TESTAMENTO TENOCHCA
En algún punto después de la espantosa y aparatosa guerra contra los civiles que quedaron con vida en la ciudad Tenochtitlán, después de que el intrigoso conquistador saliera huyendo, tres veces rescatado de la muerte por sus colegas y dejando la ciudad inundada de podredumbre por el sarampión, la viruela y el caos que vino delante por Cortés y sus forajidos, granujas, gandules, exprecidiarios, acomedidos, malvivientes y traidores, y no hago referencia a los Tlexcaltecas sino a aquellos que abandonaron el voto de obediencia a la corona española y refutaron la autoridad de Diego Velazquez de Cuellar.
Un anónimo paseante ubicado en la cima del cerro Tepepolco, dejó grabada una inscripción con un español algo difícil de traducir, pues llevaba el estilo de las escrituras labradas en los coronamientos de los edificios coloniales, sobre una piedra sin recortar de la cantera de tezontle, precisamente en la cima del cerro.
Un anónimo paseante ubicado en la cima del cerro Tepepolco, dejó grabada una inscripción con un español algo difícil de traducir, pues llevaba el estilo de las escrituras labradas en los coronamientos de los edificios coloniales, sobre una piedra sin recortar de la cantera de tezontle, precisamente en la cima del cerro.
Desafortunadamente, los trabajos de explotación de esta piedra que llevó a cabo por décadas la compañía minera, hicieron desaparecer este, podemos llamarle documento, para siempre y con él otros ejercicios de labrado de piedra con inscripciones de simbolos aztecas que recuerdo muy bien se encontraban subiendo por el sendero oriente-poniente, justo antes de tener la cima a la vista.
Allí se encontraban esas inscripciones, que en su momento me parecieron un descubrimiento que estaría allí siempre. Pero de momento continuaron los trabajos sobre la piedra, pero esta vez, fue la constructora que inicio los trabajos de levantamiento para la unidad habitacional que ahora se haya justo en medio de todo aquel antiguo trajin de camiones de volteo. Esta extendió una malla de protección de alambre, que es el que ahora vemos, protegiendo a los colonos de allá abajo, de deslaves y desprendimientos de roca.
Por suerte, un día anoté aquella inscripción, sin saber que un día podría ser sabida o leída nuevamente, pues para entonces carecía de importancia. He aquí lo que publicaba lo que llamo yó el testamento Tenochca.
Tenochca nemikisnauatilistli
Como no te reventaron ese día Hideput...
Mal haya la hora en que sentado a los pies de ese árbol
no te cayó un rayo justo en la cimera de tu ridículo casco;
o el mismo espontáneamente no te aplastó bajo su divino cuerpo.
Tú, malnacido, mal pagado y malagradecido de la historia.
Sólo trajiste a esta tierra que te brindo cobijo y amistad
traición, corrupción, hipocresía, vergüenza y religión...
ladillas, que no podemos quitarnos de encima aún.
Nadie lamentó tu muerte. Nadie te honra.
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